Diario

 Mis prácticas 2025:

Comencé mi jornada de observación después de regresar del voluntariado internacional, con una gran alegría, pero también con nervios e inquietud por conocer a mi grupo de prácticas (4°A). Al llegar a la escuela, lo primero que hice fue saludar al maestro titular y, enseguida, él me presentó frente al grupo. En ese momento me sentí muy contento, ya que varios alumnos me hicieron comentarios muy positivos y mostraron emoción porque yo les diera clase. Esto me llenó de motivación y me hizo sentir bienvenido desde el primer día.

En mi primera jornada de prácticas, especialmente el primer día, me sentía muy nervioso y con muchas dudas sobre si las actividades que había planeado eran las adecuadas para el grupo. Aunque no me fue tan bien como esperaba, tampoco fue un mal día. Fue una experiencia de mucho aprendizaje, ya que me permitió darme cuenta de qué aspectos podía mejorar para encaminar mejor al grupo hacia los objetivos que se buscaban alcanzar.

Durante esta primera etapa trabajamos cuatro proyectos, uno por cada campo formativo. El proyecto que más les gustó a mis alumnos fue la elaboración de una maqueta sobre los ecosistemas, ya que implicaba trabajo en equipo y, además, era la primera vez que realizaban un trabajo de ese tipo. Los alumnos pusieron mucho empeño, mostraron interés y compromiso, y logramos muy buenos resultados, tanto en el aprendizaje de los contenidos como en el producto final que elaboraron.

En mi segunda jornada de prácticas, el tiempo fue diferente, ya que permanecí un mes completo y no solo la quincena habitual. Esto representó un nuevo reto para mí, ya que sentía muchos nervios, pero al mismo tiempo mucha emoción. Comenzamos con actividades que a los alumnos les gustaban, como los dictados dinámicos y las lecturas acompañadas de la jirafita de peluche llamada “Milo”. Para ese momento, yo ya conocía mejor a mi grupo y sabía cuáles eran sus intereses, por lo que procuraba relacionar las actividades con su videojuego favorito, “Roblox”. Esto lograba que el grupo se mostrara más interesado, participativo y motivado. El aula se llenaba de energía, dinamismo y pausas activas, lo que ayudaba a mantener la atención y alcanzar los objetivos de aprendizaje. El trabajo en equipo era constante y la relación alumno-alumno y alumno-docente se fortalecía cada día más, haciendo que todo fluyera de mejor manera.

Uno de los proyectos que más los marcó fue la feria de juegos tradicionales. Combinar el juego con el aprendizaje fue algo muy significativo tanto para los alumnos como para mí. Fue un proyecto muy divertido, en el que aprendimos a seguir reglas, a organizarnos y a convivir. Ver cómo mis alumnos lograban coordinarse con otros grupos para llevar a cabo los juegos fue algo que me dio mucha satisfacción, ya que me permitió darme cuenta de que el trabajo que se estaba realizando iba por buen camino. En algunos días también tuve la oportunidad de quedarme solo frente al grupo, debido a que el maestro titular no pudo asistir por diversas circunstancias. Esto me hizo sentir orgulloso y con mayor responsabilidad, ya que depositaron en mí la confianza para estar al frente del grupo.

Finalmente, el último día de ese mes fue muy especial para mí. Al llegar al aula, encontré una sorpresa muy bonita: el salón estaba decorado con globos, cartulinas y algunos regalos para que no me fuera. Mis alumnos sabían que ese sería mi último día y que no los volvería a ver hasta febrero. Este gesto me hizo sentir muy feliz y emocionado. Saber que mi forma de ser y mi trabajo lograron impactar de manera positiva en ellos es algo de lo que me siento muy orgulloso. Me quedo con el deseo de volver a verlos, de seguir construyendo conocimiento junto a ellos y, sobre todo, de seguir ayudándolos a construir sus sueños.




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